macro raro

El duelo (naturaleza vs. humanos).

05.02.2002 s3r raRØ ·12·

En estos últimos días circunstancias familiares me han proporcionado el inmenso "placer" de pasar un montón de horas dentro de un hospital.

Tranquilos. No me voy a poner a explicar las previsibles batallitas que uno suele encontrarse en semejantes lugares de paz y recogimiento. Mi propensión al autismo me ayuda a abstraerme. A veces mucho. En los pocos momentos en que no me zambullo dentro de algún libro tengo la insana costumbre de mirar por las ventanas, generalmente de la mitad para arriba. Más o menos donde, si el día acompaña, suele estar casi todo azul. Ese azul tan chulo para las fotos...

Hasta aquí todo bien. En mi casa -Barcelona, gran ciudad con aeropuerto- uno puede llegar a entender que si sale a la terraza y mira p'arriba, se suele encontrar un mínimo de dos aviones en el cielo.

Siempre. Y como mínimo un par, insisto.

No molesta. Incluso las estelas de los aviones suelen hacer bonitos dibujos en los crepúsculos, en los amaneceres, contrastando con las nubes....

... ¡Pero es que estaba en Calella!

¿Cómo coño se ven pasar tantísimos aviones por Calella? ¡Es un puñetero pueblo de la costa! (con todos los respetos, pero creo que Calella no tiene aeropuerto...).

Para acabar de joderla uno de esos "hospitalarios" días compré el diario y leí que con el fin de mejorar la puntualidad de los vuelos se iba a reducir la distancia de seguridad de los aviones de seiscientos a trescientos metros...

De verdad que no lo entiendo. Nos estamos empezando a comer el espacio aéreo a marchas forzadas. Cada vez que veo cosas así creo que Mamá naturaleza ha perdido definitivamente el pulso contra el progreso humano. Espero que no.

¿Llegará el día en que me descuente...?


A mí me da que este duelo es un poco desigual ¿no os parece?

 

Errores

09.01.2002 s3r raRØ ·11·

Hace ya varios años andaba cometiendo un error imperdonable. Me llevaba algo para leer al baño. ¿A quién se le ocurre?

Es uno de los lugares idóneos para dar rienda suelta a la creatividad.

La intimidad que exige el momento, la postura que va de la relajación a la tensión y luego otra vez a la relajación, el lugar más o menos familiar (tu baño, el del curro, el de los papas, el de la querida...) han generado algunos de los momentos más memorables que alcanzo a recordar.

Las mejores melodías y arreglos musicales (¡que maravilloso eco tienen algunos lavabos!), algunos de las reflexiones que más me influyeron, lloreras, resacas, ataques de sueño, gritos encerrados de cabreo con la contraria...

Da la impresión de que si levantas el alicatado de algunos de ellos empezarán a salir miles de historias escondidas tras las baldosas, y no sólo bacterias infames, roñas revenidas y metanos varios.

Además, ¿os habéis dado cuenta de lo que os lleváis para leer?. No un libro, no. Revistas del corazón, de coches, dípticos del Prica o del Continente... incluso los más onanistas se llevan una de tías, asociando aquello del cagar con el sexo...

Del mismo modo que hay un montón de gente que reconoce no haber leído un libro en años, estoy seguro de que si preguntamos a la gente el tiempo que hace que no se paran cinco minutos a reflexionar alucinaríamos con el resultado de la encuesta.

En esta estresante idiosincrasia que nos machaca diariamente son pocos los momentos que tenemos para estar con nosotros mismos. Hay que aprovecharlos, coleguitas.


¡Pongamos un poquito de perfume al tema!

 

Safiya

18.12.2001 s3r raRØ ·10·

En estos frívolos tiempos en los que vivimos, me había jurado a mí mismo que no convertiría las "cosas estas" que escribo en un rincón de denuncia. Para eso ya están los periodistas de opinión. Tan sólo quieren ser una distracción y basta, una especie de terapia sin psicólogo, sin diván.

Pero a veces aparece una noticia, uno la hace suya y se pone de mal rollito, ¿sabéis?. Y si no explico esto, reviento. O me planto y no escribo más.

Se llamaba Safiya. Era nigeriana, tenía un bebé de ocho meses y un tribunal islámico la había condenado a muerte por adulterio. La sentencia dictó que debía ser lapidada. Divorciada y embarazada fuera de matrimonio no pudo probar que había sido violada por su primo de 60 años. La denunciaron vecinos de un pueblo a 30 kilómetros del suyo.

Si hubiera sido soltera, habría sido condenada "sólo", a cien latigazos.

Si no hubiese estado embarazada habría podido justificar su denuncia por violación ya que, según la ley islámica, el embarazo es una prueba determinante de adulterio en la mujer.

Si hubiera contado con cuatro testigos islámicos en lugar de los tres que declararon a su favor, habría tenido alguna posibilidad de salvación.

Hace unos días, grabado como en vídeo casero, vi consumarse la sentencia por la tele.

A veces "ser humano" consiste en eso.
Muchas.
Demasiadas.
(... y tenemos una terrible tendencia a no ponerle remedio...)
 
Safiya Husseini Tudu (foto: Dan Isaacs para El País)

 

Rotring...

28.11.2001 s3r raRØ ·09·

Rotring... así se llamaba, el muy cabrón.

Lo del nombre fue un accidente. Si no llega a ser por un chiste tonto hubiese acabado llamándose Noche, o Sombra... o cualquier cosa peor. Tan negro era el perro cretino.
Empecé a decir en cachondeo que le podríamos llamar Tinta, Pulpo, o Rotring y ponerle un collar rojo y grabarle en el cráneo "0,2", cuando mi madre susurró:

-Suena bien. Rotring... Rotriiiiing...- llamando al bicho, que respondió dándole un lametón en la mano. ¿Cómo le explicaba ahora a mi madre que estaba siendo cínico? Teníamos nombre para el perro.

Toda mi vida había transcurrido entre gatos. Gris y Cleo en casa, Mimi y Cuca en casa de mi tía y el cegato de Shere-Khan en el bar de mis padres. Y me estoy portando bien, que no os he nombrado a mis hamsters, pericos y canarios, peces, tortugas y algún bicho más que ahora no recuerdo. Por tener, tuve hasta gusanos de seda... y mira por dónde ahora teníamos perro.

Nunca llegué a acostumbrarme a él. Y creo que tampoco nadie de mi familia. Supongo que también ayudó que fuera de raza (¡cocker!), casposo, epiléptico y nerviosillo, diría que un poco endogámico. Y que no era un gato.

Nos mordió y babeó a todos, nos paseó a nosotros, más que nosotros a él, nos arruinó las comidas con sus bullas y ladridos, nos prohibió toda su vida entrar en la cocina y sus pedos eran demoledores.

Pero se fue haciendo viejo. Le empezaron a fallar los cuartos traseros y los sentidos. Llegó un día que no pudo levantarse y... ¡se acabó!

Otro al que echo de menos.


No... Si de guapo lo era un rato...

 

Uno de esos días...

13.11.2001 s3r raRØ ·08·

Esto sucedía un 5 de noviembre.

Son las 8.30.
Está nublado.
Llama el de los muebles.
No puede ser a las 5.30. Vienen con ellos ahora. En media hora.
Como entro a trabajar a las 9 llamo al curro para avisar de que llego tarde.
Mecagüen...

Son las 9.30.
Está nublado.
Llama el de los muebles.
Llegarán en 1 hora.
Mecagüen... (maldito el día en que encargué los muebles al de los Encantes...).

Se pone a llover.
Aprovechando el retraso, bajo al banco a recoger unos papeles.
La señora me comunica que están en la caja y que tardará unos 10 minutos en abrirse.
Los tarda.
Me leo todos los dípticos, trípticos y demás prospectos que hay encima de la mesa
Se abre la caja y me da el título. Parece un poco lenta, la señora del banco.
Hago el comentario: -"No he podido conectarme al banco por internet".
-"Si quiere lo hacemos desde aquí"- me contesta.
Mecagüen... (maldito el momento en que se me ocurrió abrir la boca...).

Fuera sigue lloviendo.
Media hora después de demostración práctica de cómo ser una perfecta inútil delante de un ordenador, se decide que "hoy-no-puede-hacerse-quizás-otro-día".
Al otro lado del biombo que separa las mesas, su jefa me mira con compasión -y una disculpa encubierta-.
Podría haberme avisado de que era una auténtica incompetente.
La velocidad de conexión del ordenador tampoco tiene desperdicio.
Mi primer Mac hace ya 8 años abría más deprisa documentos de 40 megas en el Photoshop. Llegué a colgarme la guitarra y componer temas enteros en esa operación.

Son las 10.30.
Llueve.
Llegan los muebles.
Justo estoy abriendo la puerta de casa.
Ningún problema al subirlos. Todavía.
No tengo tiempo de echarles una ojeada.
Pago (mucho... son muebles...).
Una posterior y más detenida observación demostrará mi absoluta incapacidad para comprar productos "de calidad".
Mecagüen... (el puto shopping...).

Son las 11.30.
Llueve.
Cojo la moto.
Subiendo por Av. Virgen de Montserrat se empieza a parar.
Mecagüen... (... todas las putas madres del mecánico).

Todo el verano en "dique seco" buscando un depósito nuevo.
Y ni se digna a limpiar el carburador.
Dos días y... ¡a la mierda!
Llueve.
Media vuelta con la moto muerta y de bajada la dejo cerca de casa.
Por la tarde llamaré al RACC para llevarla a "otro" mecánico.
Llueve.
La del Bar me mira mal (¿Por qué dejas aquí la moto, mierdoso?...)

Son las 12.
Dejo el casco en la portería de casa.
Llueve.
Bajo al metro.
Llueve.
Llegando a la entrada automática de Maragall me acuerdo de que no llevo billete.
Llueve.
Mecagüen el puto Metro y sus putas entradas automáticas sin expendedor de billetes.

Llueve.
No puedo colarme. Está el de seguridad.
No pueden poner un cajero, no pueden poner una máquina, pero sí un tío de seguridad...
Llueve.
Voy a la entrada de Maragall.
Compro billete en el automático.
Cuando cae el mío veo que alguien se ha dejado el suyo allí.

¡Qué suerte he tenido hoy!
Un billete de metro gratis...
 

... las tormentas molan... casi siempre...

 

Perro (2ª. parte).

26.10.2001 s3r raRØ ·07·

(... ya fui perro en el n. 4 del archivo,... allá por el 97...)

... soy un perro...
... de dibujos animados, si mal no recuerdo.

De esos que tienen la nariz redonda y oscura, con un puntito de luz. Pero se me ha caído.

Me lo estaba pasando "de traca" persiguiéndola por todas partes, pero se me ha metido debajo del sofá, la muy p...

Estoy "despanzurrado" delante del mueble-cabrón, con las orejas y el morro planchados en el suelo. Suspirando. Deprimido. Mirando como crece y decrece la mancha de vaho alrededor de mis belfos. Me he desollado el hocico -lo que queda de él- intentando meterme debajo y me duele la garganta de tanto ladrarle a esa franja de sombra que ha engullido mi mejor órgano (sensorial, por supuesto).

Y yo aquí, ya ves. No puedo oler, no puedo jugar, no puedo ladrar... ¿Qué me queda? ¿babear?...

¡Con lo asquerosa que es la baba! Pero claro. A vosotros os hace gracia. Lo veis como una muestra de afecto, de ingenuidad animal. Os dejáis lamer, a pesar del asquito que os da.

¡No os hacéis a la idea del mal gusto que tenéis!

Este si que tiene morro...