macro raro

Envidia

28.04.2005 s3r raRØ ·75·

El caballito blanco estaba sobre la mesa metálica, totalmente despanzurrado. La sala olía a cuerno quemado.

-¡No lo encuentro, no lo encuentro!

McHine, el robot, se desesperaba. Rodaba frustrado por toda la habitación con una radial todavía caliente incorporada en uno de sus brazos mecánicos. En el otro, una suerte de mano de silicona sostenía un hueso largo y trenzado. Lo acababa de separar de la cabeza del animalito, la cual reposaba ensangrentada en la bandeja de herramientas, sin ojos ni dientes, pero con una sonrisa de oreja a oreja, si las hubiese tenido. Andaban por el suelo, en algún rincón.

-¡No hay manera! He diseccionado gnomos, amazonas, dragones, squonks, a Merlín, lamias, arpías, lobos, a Medusa pelo a pelo e incluso toda una banda de música formada por animales de granja, pero no hay manera. No encuentro la clave de vuestro éxito. No comprendo por qué no habéis desaparecido aún.

-Mira que eres obtuso -le respondió la cabeza-. Mirando por dentro no vas a encontrar nada. ¡Fantasía, hojalata! Es la fantasía.

-Pero se supone que la ciencia-ficción, nosostros, hemos venido a sustituiros -cruzó los brazos sobre el pecho y empezó a rascarse la barbilla con el tirabuzón.

-Ya ves que no.

-¡Estáis obsoletos!

-¡Quién fue a hablar! Lleváis lustros dando el coñazo. Cada vez somos más, y más imaginativos.

-¡Nosotros también, jamelgo! -dijo McHine, tirando el cuerno al suelo.

-Pues eso. Hay sitio para todos. Y salen nuevos continuamente. No veo el problema de convivencia. Fíjate en los de la Tierra Media. Apenas tienen cincuenta años y se están forrando.

-Abuelo.

-Plomo. ¿Me vas a zurcir de una vez? Me estoy helando en esta puta mesa. Y los lectores me están viendo las criadillas. Por dentro.

-No he terminado -dijo el robot, con mirada sádica en su carapantalla de plasma-. Voy a mirar en la lengua.

-¡Hadaaaaaaaaaaa! ¡Mira lo que está haciendo "El cables"! Zúrceme, jodío. Doy clase de fábula a las ocho.

-¡Eso! ¡Llama a la bruja, cagón! Y no me llames "Cables". Funciono gracias a una red de tejido polimerizado super resistente mucho más efectivo que tu patético sistema nervioso.

-Sí. Pero no tienes ni mi tranca ni mi ligereza de cascos, tuerca engreída.

Con un zumbido suave, visto y no visto, algo parecido a un machete sustituyó a la radial en el brazo de McHine. Se acercó a la bandeja y estiró la lengua.
"¡TATCH!"

-¡Haaaaaaaalaaaa, otdo zudzido! ¡Que cabdón, dío xapa! -balbuceó el deslenguado rocín.

-¡Ahí te quedas, fantasma!

McHine salió de la sala, pulverizando el cuerno al pisarlo con sus ruedas metálicas, mientras lanzaba el cacho de lengua dentro del agujero de las tripas, con puntería matemática. El trozo quedó colgando de una costilla. La luz y la puerta se cerraron al mismo tiempo.

-Cabayito, cabayito. Hoy yegaz tadde al cudro pod bocazaz. Y ya vedemoz lo del cuedno...
¡Hadaaaaaaaaaaaaaaa!

 

¡No, Triki! ¡Tú no!

20.04.2005 s3r raRØ ·74·

Estoy desolado.
Triki deja las galletas.
Uno de mis últimos ídolos de juventud se ha vendido a los de la "Corporación" Dermoestética. Son una jodida conspiración mundial, de eso estoy seguro.
Y él también ha caído en la trampa.

En nombre de no se qué "campaña contra la obesidad infantil" americana, Triki "ampliará sus hábitos alimenticios".
Vamos, que le obligan a comer verduras.

Mis tres primeros ordenadores se llamaban Tricky; ¡Galletaaaaah! fue mi primer grito de guerra; las María Fontaneda fueron el primer baluarte en mi lucha contra la úlcera de estómago; siempre quise poner de nombre "El poder terapéutico de las galletas" a un disco; cuando instalo mis programas siempre pongo lo mismo...

... Nombre: El poder terapéutico
... Organización: de las galletas...

... no puedo continuar...

¡Toi mu cabreao!

+ info

 

 

 

 

 

  

 

Mi vieja(?) cámara

05.04.2005 s3r raRØ ·73·

Han sido tres años y cerca 29.000 fotos.
La he disfrutado y reconozco que le he pegado un buen tute, pero se supone que para eso están los servicios de reparación y mantenimiento. Pues no. No están para eso. Están para sacarte la pasta. No me atrevo a llevarla una tercera vez al "taller" para que me la vuelvan a secuestrar un mes, me digan que la reparación es carísima y luego la tengan dos meses más hasta repararla. Eso en el caso de rotura de unos putos botoncitos. Imaginad lo que ocurre en caso de problemas mecánicos o de óptica como ha ocurrido ahora. En ninguna de las dos veces que ha entrado la he tenido operativa más de tres semanas.

Lo de Nikon no tiene nombre.
Una marca con semejante prestigio no puede tirarlo todo por la borda con unos impresentables como los que se encargan de su mantenimiento. Todas las casas de fotografía de Barcelona tiemblan cuando les hablas de reparar una cámara de esa marca.
Entiendo que esto es un mercado y que a las casas comerciales lo que les interesa es que renueves tu equipo, pero para eso se tiene que ofrecer "buen" material, cosa que no está haciendo Nikon en el mercado digital. Las nuevas cámaras son poco menos que basuritas con óptica de plástico; más pixels, más precio, pero nada más. Tampoco ha habido mejora del que considero uno de los mejores modelos de digital semi-profesional, la coolpix 4500. Esperaba que se usase una carcasa similar para dar más definición, evolucionar el modelo y así poder usar las lentes auxiliares de las que disponía.
Y hablo en pasado por que el modelo está descatalogado.

He tenido suerte. Encontré el mismo modelo de rebajas. Deben quedar muy poquitos. Espero que cuando tenga que jubilar esta, la cosa se haya enderezado un poquito. No lo creo.

Tampoco creo que vuelva a comprar Nikon.
Cuestión de respeto.

 

Compulsiones

11.03.2005 s3r raRØ ·72·

Entre mis muchas rarezas está la del coleccionismo de cosas inútiles.
Tengo colecciones de lápices terminados (con fecha y todo), de las bolitas de las cargas de pluma, de piedras...
Y para postre, una vez me dieron la idea de hacer envolver para regalo todo lo que compro. Para que trabaje el comerciante, que para eso está.

Pero eso es otro tipo de paranoia, supongo.

 

 

 

 

 

 

 

 

Oriente desorientado (Cosas de chinos: final)

04.03.2005 s3r raRØ ·71·

Y para terminar este momento de desorientado oriente particular, otro par de muestras de la poeta más importante de china, Li Ch'ing Chao. Por lo que se lee también le daba al jumilla...


¿¿Dónde estarán mis puñeteras fotos de rosas???

LXXXVII
Cielo como plumaje de codorniz

El sol helado se alza en silencio a
Través de la ventana cerrada.
Las hojas de otoño van cayendo veloces
Después de la negra escarcha de
Anoche. Un poco de vino hace que el
Regreso al té resulte más gozoso.
Dejo de lado mi amargo ensimismamiento
Y disfruto con el perfume que se
Alza hasta mi cabeza. Se está acabando
El otoño, las noches se alargan.
Si cediera a los impulsos de mi apenado
Corazón, los días serían aún
Más gélidos y tristes. Mejor será alentar
Mi frivolidad y embriagarme con
El aroma de mi copa de vino. Me niego a
Dejarme abrumar por el amarillecido
Corazón de los crisantemos junto al muro.

 

 

LXXXVII
Sola en la noche

La cálida lluvia y el limpio viento
Acaban de liberar los sauces del
Hielo. Mientras contemplo los pérsicos
La primavera se alza de mi corazón
Y florece en mis mejillas. Me siento mareada,
Como si hubiera bebido. Intento
Escribir un poema en el que mis lágrimas
Corran junto con las tuyas. Mi colorete
Está viejo. Me pesan demasiado las horquillas.
Me echo sobre mis cojines dorados,
Envuelta en mi solitario edredón doble, y
Aplasto los fénix de mi cabeza.
Sola y sumida en una amarga soledad,
Sin siquiera un buen sueño, paso
La noche recortando la mecha de la lámpara.

Li Ch'ing Chao

 

 

 

Viento

01.03.2005 s3r raRØ ·70·

Y el viento seguía robándole el filo a su espada. Apenas se sostenía en pie y su kimono estaba desapareciendo a jirones. El polvo había pulido el suelo, que brillaba como porcelana.
La espada seguía perdiendo su filo ante sus ojos semicerrados, secos, gastados. Tal era el poder de esa tormenta ultrajante y obstinada que había engullido el paisaje, soplando siempre en la misma dirección.
Siempre en la misma dirección.
El samurai, rígido como una estatua, con los brazos, el torso y las piernas doloridos, aún conseguía mantener la posición con su arma desafiante en alto. Pero, milímetro a milímetro, minuto a minuto, su enemigo le hacía retroceder, indiferente y sin compasión, erosionando su resistencia.
Exhausto y desesperado, pensaba en matar a ese viento. No aguantó más y lanzó un mandoble a dos manos, en una diagonal que dibujó toda la rabia y frustración acumuladas. Pero él ya le estaba esperando. Le empujó el arma con tanta fuerza que la katana se clavó profundamente en el suelo. Una esquirla de piedra saltó e inmediatamente se puso a volar a velocidad de vértigo para desaparecer en el horizonte. Por más que estiró, ya no pudo sacar la espada de allí.
Y seguía perdiendo el filo inexorablemente.

Por fin abandonó. Como pudo se dio la vuelta, cerró los ojos y se acurrucó, abrazando las rodillas, de espaldas a su enemigo, de espaldas a su vieja amiga. Y allí murió, desgastado como su espada.

El viento seguía robándole el filo a esa espada. Del kimono ya sólo quedaban jirones. Ya sin resistencia se puso a jugar. Pulió la piel, luego los músculos, siguió con la carne, los tendones y llegó a los huesos.
Entonces el viento dudó, lo pensó mejor y se detuvo lentamente, convirtiéndose en una brisa apacible.

 

 

Ya no quedaba nada. Sólo el suelo brillante y ocre, como de porcelana, manchado de polvo juguetón aquí y allá, hasta el horizonte.
El suelo y aquel montón de huesos, acurrucados, vigilados por una espada sin filo, incapaz de reflejar el cielo que ahora volvía a ser azul. Lo que quiso dejar el viento para recordar cuál fue la última dirección que tomó.