macro raro

Cosas de chinos

25.02.2005 s3r raRØ ·69·

No entiendo de poesía, pero de vez en cuando me da por leerla.
A veces hasta me gusta alguna cosa.
Hoy he encontrado esta joyita de trasnochado resacón. El libro se llama "Cien Poemas Chinos". Si, si. Chinos, como lo oís. La traducción al español es de C. Manzano, a partir de la traducción al inglés de Kenneth Rexroth. Supongo que eso complica mucho el tema, y por eso no entiendo en absoluto ni la intención ni la métrica.
Pero me gusta.
Y lo que no voy a hacer ahora es ponerme a aprender chino.

LIV
Cuando la luna está en el río del cielo

Las endebles ramas del cenador abrigan
Las rosas contra las ráfagas del
Viento del Este. ¿Para quién están tan
Atractivas, envueltas en una nube
De perfume cargada de gotas de rocío? ¿Tan
Sólo para provocar a las frágiles
Mariposas y a las irascibles abejas?
Con el corazón henchido de emoción
Paseo por este jardín placentero y después
Se me disipa la embriaguez. Mi gozo
Desaparece y no regresa. La luna, tan
Triste como para desgarrar las
Entrañas, se hunde en el horizonte y de
Pronto la primavera ha envejecido.

 

Ou Yang Hsiu

(Parece ser que durante la dinastía Sung (allí por el año 1000) lo de la poesía daba prestigio pero no pasta. Este tipo era un poderoso político, osea, que se ganaba bien la vida, pero el hombre había perdido a su mujer e hijos y se dio al vino. Además, le estaban saliendo canas. Vamos, que andaba jodido...)


No encontré mis fotos de rosas, sorry.

 

Otra de aquellas mañanitas

17.02.2005 s3r raRØ ·68·

... ¡Je! Y es que uno se empeña a ir a una velocidad y parece que el mundo a tu alrededor se dedique a cerrarte las puertas. Literalmente. Espero que no pase nada mientras escribo esto.

Ya me costó levantarme, razones no faltaban, pero no las expondré aquí. Todo normal hasta llegar a la validadora del metro. Con la tarjeta en la mano apuntando a la máquina, fui quebrado por la típica niñata autista a golpe de "¡uy, perdonnng!", se plantó delante de mí y se puso a buscar su título de transporte en el bolso. Todos sabemos el tiempo que una operación semejante conlleva (... mujer... bolso...). La amiga que la acompañaba se disculpó calladamente, con una media sonrisa resignada, desde el otro lado de la máquina. Detrás de mí, alguien soltó un "¡pero quítate dahí, quiiiisha!". ¿A quién miró maaaaal? ¡Exacto! Al que tenía justo detrás. Eso sí, sin apartarse. Pasé por la máquina de al lado.
Al llegar a las escaleras frenaba el metro en la estación. ¿Me daba tiempo...? Supongo que decidí que sí, porque hacía tiempo que no bajaba corriendo las escaleras de dos en dos. Al llegar a la mitad del tramo empecé a ver al conductor. Suavemente le subió un gesto de sardónica alegría a la cara. Con su intermitente pitido obligó a darse prisa a los que bajaban. Yo, por mi parte, devoré los últimos escalones de tres en tres, en un "slalom" que ahora recuerdo como una especie de danza a cámara lenta. El último viajero saliente, al dudar, me obligó a rectificar el giro definitivo que me permitiría alcanzar el vagón. Con hábil zig-zag de izquierda derecha y fintando con el hombro, ataqué el metro final cual "stuka" de la 2ª Guerra mundial...
¡Tatch!...
¡En la Jodida Cara!
La negra goma de las puertas chocó a un palmo de mi nariz. Sentí el aire que desplazaban al cerrase.

Relajadamente, me aparté del metro y me senté en el banco a digerir la derrota con mi libro. Pasaron por delante la niñata y su amiga, con sonrisas dispares. Una me recordaba al conductor del metro. La otra volvía a ser una disculpa callada.

Me consta que no hay muchos conductores de metro de esta guisa. Suelen ser tíos bastante civilizados en la mayoría de los casos que se toman su trabajo menos competitivamente y te esperan. Pero en el transbordo, por si acaso, me he negado a correr.


Fin de trayecto

 

¿Y a mí qué?

27.01.2005 s3r raRØ ·67·

 

«Le informamos de que le caducarán 6.312 puntos a fecha 10 Jun. 05»

¿Y a mí qué?
¿Me estás amenazando?
¡Joder con los de Movistar!...

«Desde el Programa de Puntos, queremos proporcionar el mejor servicio, la máxima garantía y confianza para la renovación de su móvil»

... ¡No quiero renovar mi móvil!
¡No sabéis poner comas!
Programa-de-Puntos-en-Ma-yús-cu-las ¡Vaya chulería!...

«Por ello, queremos ofrecerle una amplia gama de teléfonos móviles dónde esperamos pueda elegir el que más se ajuste a sus necesidades»

... El que tengo se ajusta a mis necesidades.
Las "amplias gamas" me producen stresssss...

«Consulte nuestro catálogo en www.programa-puntos.movistar.com y podrá comprobar lo sencillo que es cambiar de móvil con sus Puntos Movistar»

... No...

... Y meteos vuestros 6.000 "Pu(n)tos" donde os quepan...

... Me gustan las pantallas en blanco y negro...

... Y ya tengo cámaras de fotos...

... Y en el curro internet...

... ¡Que os den!

 

¿A que me cambio a fijo?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

De peluche

05.01.2005 s3r raRØ ·66·

Estos primeros días del año son muy dados a acercar la nariz a los escaparates. Todo el mundo anda devanándose los sesos, intentando encontrar regalos para todos esos amigos difíciles, hermanas puntillosas o familiares pejigueros que sólo aparecen por estas fechas. Una auténtica pesadilla. Cada vez que me planto dentro de una tienda de regalos me pasa lo mismo. Me detengo delante de esos pequeños monstruos y no puedo evitarlo; empiezo a manosearlos.
Siento debilidad por los ositos de peluche. No tengo ni uno en casa. Es tan sólo mi objeto para regalar favorito. Y no sirve cualquiera.

No es fácil encontrar un buen osito de peluche. Existen montones de ositos de peluche que no se ajustan al "canon". Sí, sí; existe un canon. Por supuesto que existe. Y así como el canon de belleza femenina evoluciona con los tiempos, el de los ositos de peluche es intemporal. El femenino ha pasado por las chichas de Rubens, la mujer morena de Julio Romero, las pin-up de Vargas o las top-models, Rebeca Romjin al frente, para acabar en la neumática e informatizada Lara Croft.
Contrariamente, el "canon" de los osos de peluche es inamovible, a saber:

Ni mucho ni poco pelo. Es infinitamente mejor un oso de fieltro que los desagradables lanudos. Pelo corto.
Ojos inexpresivos y negros. La perfección ocurre cuando se han usado botones. Sonrisa generosa y tierna.
Morro prominente. Nunca se debería finalizar la nariz con plástico u otro botón. Lo ideal es un hábil recosido que dé consistencia sin perder suavidad, que lo convierta en un agradable tropezón. Hay que probar frotándoselo en la cara.
Orejas redondas y huecas. Detalle sutil pero raro de encontrar. Es importante que la tela no pierda nunca su posición original, su flexibilidad, por más que se las castigue. Pero esto debe conseguirse sin relleno. Aquí es donde se demuestra la habilidad del cosido.
Cejas innecesarias. Sólo en caso de mejorar la expresión. Lo mismo en cualquier otro detalle adicional. Sobran pajaritas, dientes, pendientes, garritas o corbatas. Menos es más. La sobriedad es sinónimo de categoría.
Peso en el culo. La colocación de semillas o bolitas de plomo en cantidad y zona adecuadas resulta un detalle indispensable para el gesto. Debe poder sentarse en la mano extendida sin desequilibrarse. Si se deja caer de culo sobre una superficie plana, tiene que hacer un grácil rebote con el cuerpo para acabar con la cabeza sutilmente baja y ladeada, los brazos fláccidos entre las patas, en un incomparable gesto de abandono, de desconexión. Como de robot apagado.
Lo de las costuras por fuera es opcional, pero le da un toque retro demoledor.

Este pasado año no encontré ninguno que se acercara. El consumismo desmesurado ha supuesto la proliferación de peluches "aficionados" de todo tipo que dificultan la localización de estas preciadas joyas.
Espero tener más suerte el que viene.

Os presento a Oh Zito!, mi anti-estrés. La gomaespuma no entra dentro de los cánones, pero tiene su rollo. En un arranque perdió la cabeza -literalmente-. El Loctite se la devolvió a su sitio, pero ya nunca fue lo mismo. No conservó su función y ha quedado como objeto puramente decorativo-afectivo.

 

 

 

 

 

 

 

 

El diédrico del eucalipto

18.12.2004 s3r raRØ ·65·

En mi época de estudiante oí decir a algún profesor que la mayoría de la gente mira siempre de frente, en un ángulo vertical de unos 30°, más o menos, y que el truco para mejorar en capacidad de observación consiste en romper esa barrera; mirar más hacia arriba y hacia abajo. El primer caso resulta beneficioso para gente que se dedica a la arquitectura o la meteorología, por poner dos ejemplos. La mirada hacia abajo pertenecería a campos como la geología, la botánica o el estudio de todo tipo de bichos minúsculos.
En mi caso me jodió las cervicales.
Pero me quedó la insana costumbre de no mirar nunca donde se debe (que se lo pregunten a mis amigas, que no miro nunca a los ojos...). Lo que no he calculado nunca es cuánto miro hacia arriba y cuánto hacia abajo. Y como siga así esto se va a convertir en un capítulo de "los teleñecos".

El tema es que no sólo me gusta mirar abajo sino que me encanta recoger del suelo las cosas que súbitamente me llaman la atención. Me encanta llevarlas en la mano, jugar con ellas, observarlas, aprendérmelas... Un día me va a dar un disgusto, del rollo de salir corriendo al dispensario por picada de animalejo chungo o a vacunarme contra el tétanos. Esperemos que no.
Esta vez se trata de un eucalipto; bueno, de uno en potencia, de su semilla. Curiosa, ¿no?
En todo caso, es más fácil dibujar en diédrico una semilla que el árbol completo (lo digo por experiencia).


En fotitos es más rápido.

 

Acacia

12.11.2004 s3r raRØ ·63·

Las acacias de mi barrio son un poco agresivas. Sí, si. Como lo oís.
¡Tienen una mala lecheee...!

Sin ir mas lejos, el otro día a una señora se le ocurrió aparcar el Mini delante de una, bajita y chaparra, de esas chulitas que joden a la gente cuando va por la acera con sus ramas bajas y les hacen pasar por el medio la calle para dar un rodeo. La pobre mujer no conseguía subir la ventanilla del coche, con las ramas azotándola y tratando de atrapar al bebé que llevaba en el asiento de atrás. Después de unos minutos salió del coche por la puerta contraria. Estaba sudando y sostenía en un brazo lacerado al enano y en el otro un pedazo de la rama con la que había tenido que lidiar. En un último y agónico suspiro batallador el hierbajo le atizó un hermoso y profundo pinchazo. Ella lo tiró al suelo con rabia y emitió un dolorido ¡auuuuuh!, mientras se llevaba el dedo sangriento a los labios. El retoño lloraba desconsoladamente.

Poco antes de su poda, se alió con un níspero vecino que ya desbordaba el muro del jardín de al lado. Una asociación formidable. Entre los pinchos de una y los ataques con fruta madura del otro por allí no pasaba ni Dios.
No presencié su domesticación. Un día llegué y le habían quitado sus armas. Seguro que no sin lucha.

Ahora está muy tranquilita, como lobotomizada. Y la gente ya pasa por la acera. Creo que el cabreo lo lleva por dentro; bueno, por debajo.

Las baldosas a su alrededor se están levantando sospechosamente...


Acércate si tienes "arrestos"