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Muzik4flimz II. Oriente desorientado. #5

19.10.2008 s3r raR√ė ¬∑113¬∑

Elitros de alcohol
(Venturas y desventuras de un escarabajo curda)

Esta es la historia de un escarabajo enamorado de una mariquita.

El delicado arte del pavoneo es algo bastante opuesto a las habilidades de nuestro protagonista, el escarabajo Dong, que para más desgracia se ha fundido él solito una botella de vodka Absolut.

Rita, la insecta que origina los desvelos de Dong, se siente tan halagada por los infructuosos esfuerzos del enorme macho por parecer un gentleman que le invita a cazar pulgones a una planta cercana. Desgraciadamente la chuler√≠a et√≠lica de nuestro Romeo genera un altercado con las hormigas propietarias del reba√Īo que degenera en reyerta. Una vez harto de repartir y recibir le√Īa, acaba refugi√°ndose en el brote m√°s alto.

Craso error. El tallo es demasiado tierno para sostener su peso.

El talegazo es enorme.

En estado de shock y amn√©sico perdido por la mala ca√≠da, el cole√≥ptero acaba crey√©ndose que es Prince y, arengado por el fren√©tico funk que suena en un bar cercano, empieza un seductor baile. Al presenciarlo, Rita cae inmediatamente rendida a sus pies y lo toma como compa√Īero, descubriendo que no s√≥lo es un gran bailar√≠n sino tambi√©n un amante excepcional...

... y cada noche lo emborracha, le pone m√ļsica y reza para que no se le pase el efecto del golpetazo.

Pues eso.
Que a veces uno tiene que soltarse el pelo.

Descargar mp3: Dong


¬°A bailarrrrrrrr!!!!

 

Muzik4flimz II. Oriente desorientado. #4

06.02.2008 s3r raR√ė ¬∑112¬∑

Nails on beach

Corren tiempos de promiscuidad en la segunda oleada de viajeros orientales de esqueleto exógeno.

Nuestros aventureros japoneses descubrieron los placeres del turismo. Barcelona, Par√≠s, Springfield, Copacabana, Alejandr√≠a, Bath, Oslo, Quebec, Casablanca, Medell√≠n, Bombay, Seul‚Ķ Apenas qued√≥ alg√ļn lugar al que no llegaran los observadores. Adem√°s demostraron una prodigiosa facilidad para integrarse en las diferentes culturas y‚Ķ ¬Ņque mejor manera de integrarse que ‚Äúcompartir‚ÄĚ experiencias con las comunidades locales?

Pues eso. Compartiendo y compartiendo, se establecieron unos cuantos v√≠nculos indisolubles ‚Äďy otros cuantos de lo m√°s solubles, por supuesto‚Äď.
A destacar el llamado ‚Äúfrente caribe√Īo‚ÄĚ, del cual no volvi√≥ ning√ļn individuo a casa. Las gambitas y los chinches de las islas causaron furor en las filas de los futuros conquistadores. Los m√°s atrevidos se enrollaron incluso con gambas y langostas, olvidando por completo el prop√≥sito para el cual hab√≠an hecho el viaje. Con tanto placer flotando por ah√≠ no hab√≠a tiempo para espiar a los humanos.

La c√ļpula militar se reuni√≥ relajadamente de urgencia en una playa de las Antillas, delante de unos mojitos y acompa√Īados de sus nuevas y cari√Īosas compa√Ī√≠as, concluyendo finalmente que quiz√°s a√ļn no estaban preparados para tomar las riendas de este mundo. Se tendr√≠an que decidir algunos cambios en la estrategia.

Pero lo dejarían para un poquito más tarde.

Descargar mp3: Beach

 

(Nota del perpetrador: Si os pon√©is el tema est√°is escuchando mis primeros pinitos con tarjeta de sonido. La primera idea de estos Muzik4Flimz era curr√°rselo todo alternado wav y midi del programa, pero a partir de aqu√≠ entran bajos y guitarras naturales, de modo que estoy siendo ‚Äúinfiel‚ÄĚ a mi mismo, pero me lo paso bien. Pues eso. Que os cunda-chunda.)

 

Muzik4flimz II. Oriente desorientado. #3

03.11.2007 s3r raR√ė ¬∑111¬∑

Bugs & bags

Los insectos japoneses, hartos de tanta estupidez humana, decidieron conquistar el mundo.

Amparados en la maniobra de distracción que supuso la guerra de las pizarras, tomaron secretamente el aeropuerto de Tokio. Las primeras avanzadillas de exploradores se introdujeron sigilosamente en las maletas de los viajeros despistados hace semanas.

El objetivo de estos pioneros era reclutar para la causa a sus congéneres esparcidos por todos los rincones de la Tierra.
Pero la mayor√≠a estaban tardando mucho en volver y los pocos que lo hac√≠an cre√≠an que se deber√≠a posponer el tema por un tiempo. Se escudaban en que viajar era una experiencia demasiado gratificante y enriquecedora ‚Äďadem√°s de barata‚Äď como para estropearla con afanes de conquista, y que todo insecto en su sano juicio deber√≠a experimentarla como m√≠nimo un par de veces en su corta vida.
Los que no volvían no se escudaban en nada, lógicamente.

En una reunión de urgencia, los líderes decidieron enviar una segunada oleada de exploradores, pero esta vez llevaron a cabo una exhaustiva labor de selección de los sujetos. A tenor de las exuberantes y maravillosas historias acerca de lugares paradisíacos y demás lindezas geográficas contadas por los pocos que volvieron, los líderes decidieron ponerse ellos mismos los primeros en las listas.

Dominar el planeta podía esperar…

Descargar mp3: Bugs & bags

 

Muzik4flimz II. Oriente desorientado. #2

04.06.2007 s3r raR√ė ¬∑109¬∑

Tericia (Scratch on desk)

Guión:
Un aterrador fenómeno se está produciendo en Tokio, amenazando con extenderse por todo Japón.

Un día como cualquier otro, en una escuela de las afueras, los alumnos entran en sus clases y encuentran las pizarras tiradas en el suelo. Las mesas y las sillas están amontonadas contra las paredes. Después del cachondeo inicial, las broncas con los pelotas y empollones, y las recriminaciones de los conserjes, profesores y directores, todos se ponen manos a la obra con la intención de ordenarlo todo y retomar las clases lo más pronto posible.

En el momento en que intentan levantar las pizarras sucede algo escalofriante; miles, millones, ¬Ņqu√© digo? miles de millones de insectos de todo tipo (todos japoneses, cabe observar) empiezan a salir por todos los rincones y agujeros de las aulas, se suben a las pizarras y empiezan a corretear sobre ellas. Incluso algunos, los m√°s fuertes, se atreven a levantar las tizas y arrastrarlas por encima. El rechinar entra por los dientes y se mete hasta el tu√©tano: es ensordecedor.

Los pocos alumnos que se sobreponen al horror deciden coger los borradores y las sillas y atacan a las pizarras infestadas levantando una tremenda nube de tiza e insecto picado, pero pronto se dan cuenta de que es una batalla perdida. Todos el mundo, estudiantes, docentes y dem√°s aves o mam√≠feros deciden alejarse del edificio. Alertados por el agudo estruendo, la polic√≠a y los servicios sociales han llegado ya y han acordonado la escuela. Pero el sonido insoportable va en aumento y empieza a hacer mella en todo el mundo. Los ataques de nervios se suceden. El cerco ha de ser ampliado una y otra vez. Adem√°s llegan malas noticias: no es la √ļnica escuela en la que est√° ocurriendo...

A los seis d√≠as no queda en las islas ni una escuela, autoescuela, academia, centro docente, instituto, facultad, universidad o taller de cocina que no est√© infestado. Incluso algunos bares de tapeo han tenido que cerrar al ser atacadas las pizarras de sus men√ļs. En d√≠as de viento el rumor llega hasta la costa de China. Corea est√° en alerta roja. Cient√≠ficos, bi√≥logos y entom√≥logos de todo el mundo cobran horas extras teorizando sobre la situaci√≥n. En Jap√≥n se han acabado los calmantes y los tapones de cera. El diez por ciento de la poblaci√≥n se ha arrancado las orejas. S√≥lo los sordos siguen trabajando y se hacen con el control de la econom√≠a del pa√≠s.

La frase "castigado de cara a la pizarra" adquiere un significado espeluznante.

Lejos, en la Cerdanya catalana, los propietarios empiezan a sustituir los techos de sus casas por uralita...

cucaracha
Pon a salvo tu pizarra. Est√°n a la caza.

Descargar mp3: Skratch on desk

 

Muzik4flimz II. Oriente desorientado. #1

09.01.2007 s3r raR√ė ¬∑108¬∑

U√Īas

Es la primera entrega de la segunda serie de los "Muzik4Flimz". Esta va de cosas de chinos, japos y cualquier cosa que suene a exótico. De ahí lo de "Oriente desorientao".

La primera serie completa y masterizada de los "Muzik4Flimz" ya est√° colgada y si pod√©is contactar conmigo os la puedo pasar en Cd.

I
Estaba desolado.
O√≠r ensayar a su alumno le desgarraba las entra√Īas. Cada vez que cerraba los ojos y apreciaba sus progresos, tambi√©n crec√≠an sus sospechas. Su viejo koto le era infiel.
La calidad t√©cnica de su protegido rayaba la perfecci√≥n. Ya no pod√≠a ense√Īarle nada m√°s. Adem√°s, cuando ten√≠a aquella preciosa herramienta entre las manos, sus interpretaciones crec√≠an en emoci√≥n de un modo exponencial, avasallador. Era el momento de tomar una decisi√≥n.
La maleta descansaba sobre el tatami de su habitaci√≥n, abierta, esperando a su inquilino, que estaba apoyado contra la pared. Se puso en cuclillas y abraz√≥ a su amado instrumento, su compa√Īero de tantos a√Īos, de tantos conciertos, de tantos momentos inolvidables. Lo acun√≥ como si fuera un beb√© y lo bes√≥ como a una esposa, como a una amante. Con una l√°grima resbalando por la mejilla, lo deposit√≥ en su funda, acarici√°ndolo por √ļltima vez y cerr√≥ ceremoniosamente los anclajes.
Relajó los hombros y se quedó un momento con la mirada perdida. Finalmente, dejó ir un profundo suspiro e hizo llamar a su alumno…

II
Y pasaron los a√Īos. Muchos. Demasiados.
Ya no era un alumno. Dentro del camerino a√ļn se o√≠a el estruendo de los aplausos. Hab√≠a salido tres veces a saludar; suficiente para hoy. Su √©xito no hab√≠a parado de crecer hasta convertirse en algo absolutamente extenuante. Estaba refresc√°ndose la cara cuando mir√≥ hacia el sill√≥n a trav√©s del espejo. En √©l reposaba el viejo instrumento, gastado pero impecable, dentro de su funda abierta que tiempo atr√°s tuvo que restaurar, ajada por tanto viaje, por tanto concierto. Sustituy√≥ los oxidados anclajes por unos nuevos, que ahora parec√≠an desubicados y postizos. Se le ocurri√≥ que valdr√≠a la pena restaurar los antiguos, si era posible. Pensando en el maestro, hab√≠a tenido el detalle de conservarlos, a√ļn rotos. Si no fuese posible al menos podr√≠a encargar unas r√©plicas exactas. Aquel hombre cuidadoso ven√≠a con frecuencia a su memoria. El maestro se hab√≠a recluido y ya no actuaba nunca. Record√≥ a su mentor en una de sus interpretaciones. Cuando le conoci√≥ era insuperable; t√©cnicamente tan bueno y con tant√≠sima experiencia‚Ķ
Nunca volvi√≥ a visitarle, siempre demasiado lejos o demasiado ocupado. Le hab√≠a ense√Īado bien y ya no necesitaba de sus sabios consejos, pero adoraba al viejo y sent√≠a que le necesitaba. Le llamaba por tel√©fono a menudo, pero curiosamente jam√°s hablaban de m√ļsica ni rememoraban tiempos pasados. S√≥lo hablaban de √°rboles, de p√°jaros ex√≥ticos o de los colores que se daban en los d√≠as lluviosos de alg√ļn pa√≠s que hab√≠a visitado.
Quería verlo.
Con el tiempo se dio cuenta de que el genial m√ļsico detuvo su propia progresi√≥n para compartir sus conocimientos con √©l. Y eso no ten√≠a precio. Llevaba a√Īos visitando a los mejores luthiers de todo el mundo a los que encargaba r√©plicas de su koto. Quer√≠a devolv√©rselo, en persona, y sinti√≥ que hab√≠a llegado la hora.
Llamó la atención de su representante que en ese momento contenía, más que atendía, a media docena de periodistas. Con la excusa de necesitar un descanso, anunció que cancelaba todos los conciertos y ordenó a su asistente que lo dispusiera todo para un largo viaje, ante la atónita mirada de todos los presentes…

III
No podía salir de su asombro.
El sirviente le advirtió de que hacía mucho tiempo que el maestro no había salido de su dormitorio. Pero nadie le había preparado para lo que iba a encontrar. Cuando sus ojos se acostumbraron a la oscuridad de la habitación quedó sobrecogido.
Las u√Īas del hombre, sentado con las piernas cruzadas, hab√≠an crecido de un modo tan desmesurado que formaban una especie de jaula a su alrededor, enred√°ndose en tirabuzones. Las manos, esclavas, reposaban a ambos lados de una mesa baja y larga, sobre sendos cojines.

-¬ŅQu√© te trae por aqu√≠, amigo m√≠o?
-¬ŅQu√© os ha ocurrido, maestro?
-¬ŅEsto? -dijo el viejo, mirando calmadamente por encima de su cabeza-. Tranquilo. No es nada que yo no haya querido.
-Pero‚Ķ vine a devolver‚Ķ vuestro koto. ¬ŅC√≥mo vais a poder tocar as√≠? -dijo el joven, a punto de llorar.
-No te preocupes -sonrió-. Cuando te marchaste tuve que buscar un modo de seguir interpretando. Encontré el medio en mí. Ya no necesito tu instrumento.
-¬°Si es vuestro!
-Ya no. No me hace falta. ¬ŅTe apetece o√≠rlo?
-¬ŅPero como‚Ķ?
-¬°Ssssssshhhhh!

El maestro cerr√≥ los ojos durante unos segundos que, en el silencio, se alargaron como horas. De repente empezaron a sonar unas extra√Īas notas graves. El joven mir√≥ alrededor en busca del origen de los sonidos, que iban complic√°ndose, tejiendo armon√≠as raras, formando melod√≠as a√ļn no escuchadas. Los ojos se detuvieron, incr√©dulos, en las manos del anciano. Con sutiles movimientos de los dedos hac√≠a vibrar la tremenda estructura que le envolv√≠a. La canci√≥n empez√≥ a crecer mientras los dedos se aceleraban, golpeando la mesa, cada vez m√°s fuerte. Las u√Īas chocaban y reverberaban entre ellas, emulando una gigantesca orquesta. Durante lo que parecieron d√≠as, toda la habitaci√≥n era m√ļsica, una m√ļsica imparable, demencial, infinita, arrebatadora. Muy despacio, casi imperceptiblemente, se fue deteniendo, con suavidad, en un final largu√≠simo, para desaparecer con una nota que parec√≠a robada a una copa de cristal.

Mucho tiempo despu√©s de haber muerto la √ļltima nota, el joven consigui√≥ recuperar el aliento. A√ļn con l√°grimas en los ojos dijo:
-Debo encontrar a alguien merecedor de vuestro viejo instrumento, maestro. Cuando lo halle, si me lo permitís, volveré.

Descargar mp3: Japan