macro raro

Inciso parásito #1: El Sunburn

29.12.2011 s3r raRØ ·43· (publicado en laMundial: 04-03-2004)

El Sunburn o por qué odio las Fender

El siguiente escrito es una consecuencia de los miles de millones de mails recibidos -todos de Defunkid- con el asunto: ¿No eres músico? ¿Por qué no escribes sobre música?.

Inmerso como me hallo ahora mismo en la conclusión de una serie de cuentos sobre los elementos, aprovecharé la petición y me iré dando algún respiro de tan laboriosa labor. Me voy a marcar unos cuantos desvaríos acerca de cuestiones periféricas a tan bonito arte, a los que llamaré Incisos Parásitos e iré numerando.
Y digo periféricos porque de música, lo que se dice de música, no entiendo absolutamente nada y me niego a opinar.
Yo sólo escucho.

Sin nada más que añadir a esta sucinta introducción, os invito a leer el primero de estos paréntesis.

Inciso parásito #1: El Sunburn o por qué odio las Fender.

Partamos de la base de que las guitarras Fender (y los bajos, por supuesto) son en su mayoría diseños de hace cincuenta o sesenta años, de que sueltan unos parásitos gordos como vacas, de que tienen notas cabronas con un sustain de mierda, de que el mástil está hecho con el marco de una puerta, de que valen una pasta gansa o de que su puente flotante es tan poco útil que hay quien dice que el ritual a seguir al comprarte una es tirar la palanca por la ventana.
No pasa nada. Eso se puede superar. El problema es otro.

Soy de la teoría de que si te pillas una Fender y no tiene el degradado en Sunburn (alguna vez leí "Sunburst") no-te-has-comprado-una-Fender, coleguita. He visto modelos plateados, blancos, rojos o naranjas, verde chillón e incluso una Telecaster estampada en cachemira. Si no tiene ese efecto de barniz quemado por el sol no parece una Fender, lo siento.
Lo que pasa es que... ¿quién coño iba a querer una guitarra pintada como una mala imitación de un madero requemao? Sí. Ya lo sé. Mucha gente. Pero me entendéis, ¿no? Estamos como una chota.

Se podría hacer un estampado para Fender imitando la formica gastada y grasienta de una mesa de esos bares que no han cambiado el mobiliario desde el 69.
Mejor aún, tirando de mis ancestros valencianos, una magnífica textura de arroz "socarrat" del fondo de la paella, con sus partes más incrustadas.
O para el que le vaya el rollo psicodélico, más de trippi, los efectos y tonos espirales que produce en el pis ese sipi que tiras a la taza del water después de haber pillado un atracón de bombones de la Caja Roja de Nestlé.
El resultado no sería mucho peor.

Quizás por eso me rayan las Fender.

De las Gibson ya hablaré otro día.

 

Inciso parásito #2: La Pausa

28.12.2011 s3r raRØ ·44· (publicado en laMundial: 15-03-2004)

Inciso sobre el Inciso #1.

Pues sí, queridos.
Parece que todo el mundo sajón llama al puñetero degradado de las guitarras "Sunburst", y no Sunburn o Sunburnt como sostenía en el inciso nº1.
Hay que joderse.
Sunburst...
... que se traduciría algo así como "estallido de sol" (pronúnciese con los brazos abiertos y mirando al cielo).

¡Vaya ma-ri-co-na-da!

Me sigue pareciendo un efecto de madero requemao, qué queréis que os diga. Pero ya lo dice el refrán: Nunca te acostarás sin saber una cosa más.
Yo a lo mío. A las cuestiones periféricas. Vamos con la siguiente.


Inciso parásito #2: La Pausa

El recurso más maravilloso que tiene la música es la pausa, el silencio.
También el más difícil.

No sé cuántos de vosotros habéis estado en el ensayo de una banda. Yo ya llevo unos cuantos y os juro que lo más complicado que hay en este mundo es conseguir que un músico deje de tocar. Cuanto más patata es, más difícil es detenerle. ¡De verdad! ¡Los hay verdaderamente imparables!
Pensaba que la cosa dependía de la testosterona, que a medida que fueran pasando los años la cosa se iría moderando. Pero no. Cada vez que me cuelgo el madero empiezo a dar la murga. Lustros después de mis primeras notas tambaleantes sigo tan pesado como siempre.

Luego está el directo. A los actores se les enseña aquello de "dar la réplica", que viene a ser algo así  como "cómo no hacer el ridículo cuando no estás diciendo nada".
La mayoría de músicos hacemos eso, el ridículo. Dejamos de tocar o cantar y nos convertimos en unos patanes integrales. Los huecos dentro de un tema son duros, pero por lo menos hay otros músicos focalizando la atención.
Lo realmente terrible es la pausa entre tema y tema. ¿Qué hago con las manos? ¡Estoy sudando! ¡Ese me está mirando! ¿La bragueta abierta? ¡He entrado fatal, la he cagado siete veces, y estoy agarrotado! Y el otro dando la chapa. ¿Quieres empezar, jodido? Me voy a cagaaaarrrrrrr...

A la hora de componer, el tema también es complicado. Si tienes una banda con seis o siete músicos, con la de posibilidades armónicas que se pueden llegar a dar, ¿por qué cojones hemos de estar tocando siempre todos a la vez?
Comparemos.
Si tu estás haciendo una pared en tu casa le vas a poner ventanas, ¿no? Pues nada. Los músicos empezamos a hacer un muro de ladrillo y luego, cuando esté terminado, ¡ya se harán unos boquetes! ¡A martillazos, si es preciso! Cabe también la posibilidad de que decidas que te gusta así, a oscuras. ¡Te van a decir cómo te gustan a ti las paredes, vamos!
Resumiendo: tu tema se ha convertido en un ladrillo... (... pero no lo vamos a reconocer jamás...)
No he trabajado demasiado con productores, pero tengo la sensación que todo su trabajo consiste en hacernos callar. No lo dicen porque se sacan una pasta, pero seguro que es tan simple como eso. Es su secreto.

Seguro.


Todo este rollo sonaría tal que así...

 

Inciso parásito #3: La Luna

27.12.2011 s3r raRØ ·47· (publicado en laMundial: 16-04-2004)

Inciso sobre el Inciso #2.

A pesar de mi planteamiento crítico y con clara tendencia a herir susceptibilidades, parece que el texto sobre la pausa ha tenido el efecto contrario. Nada más lejos de mi intención. Tanto implicados como ajenos al mundo de la música parecen encontrar el punto jocoso del artículo.

Lo de reírse de uno mismo suele considerarse como un claro signo de salud mental. Da la sensación de que ha pasado algo últimamente que haya mejorado el carácter de nuestro entorno.

En todo caso, alienta a seguir con estas periferias musicales. Vamos con ello.

Inciso parásito #3: La Luna

("tun tu-tun... tun tu-tun" -suena de fondo el bajo de Sting)

Cantar a la Luna.
Recurso manido como pocos, pero realmente efectivo.
Las listas de éxitos están llenas de temas sobre la Luna. Se habla de ríos que la reflejan, de su cara oculta, de su magia, de la locura que provoca, de gente que camina por ella, de que está enojada, de su luz, de que está sobre un barrio con nombre de whisky, de lunas de color azul, roja, plateada..., de todos los colores, vamos.
Lo cierto es que la gran mayoría de ellos tienen un tono más bien dulzón-romántico-melancólico.

("... wo-quing on-da-munnnnn...")

No es por llevar la contraria, pero ese tipo de sentimientos son más bien de día lluvioso-ventoso. Cuando hay temporal está nublado, y cuando está nublado ¿cómo vas a ver la Luna, petao?
La Luna debería sugerir otro tipo de temas, del tipo himno cervecero, canción de juerga o resaca playera, y más en nuestro mediterráneo país, en el que se trasnocha tanto.

Personalmente, voy a empezar a buscar temas sobre la Luna con un tono diferente. Empezaré por los de brujería, que creo que en esto de la nocturnidad las brujas saben un rato...
¿Alguien se apunta a buscarle el lado salvaje?

("... quip-pirop... ioooooo, io io iooo... quip-pirop...")


... está como lejos...

 

Inciso parásito #4: La chicharra

26.12.2011 s3r raRØ ·50· (publicado en laMundial: 14-05-2004)

Inciso sobre el Inciso #3.

Pues nada. No hay manera.
Por más que lo intento no consigo un sólo tema sobre la luna hecho con un par de huevos.
Parece ser que esto de la Luna pone melancólica a la gente. Mamarrachadas sensibleras por todas partes, cachondeito sexi-veraniego o alguna bruja que ha tomado demasiadas hierbas y ve cosas. Tendremos que ponernos a componer algo un poco más "jebi".

Y mientras me viene la inspiración...

Inciso parásito #4: La chicharra.

O lo que es lo mismo, los putos parásitos.
Me pasé mi tierna juventud buscando la guitarra de mi vida. Bueno, no sólo la guitarra. También el cable, el ampli y el juego de efectos de mi vida. Allá por los 80, el objetivo era conseguir sonar sin el jodido zumbido de fondo, lo cual era una auténtica pesadilla. Y una pasta. ¡Venga a "blindar" cables! ¡venga a "blindar" pastillas! Y aquellos primeros rack de efectos digitales, llenos de flangers, chorus, delays y distorsiones pasteleras, sonando fiiiiiuuuuuuuiiiiiiiiiiiuuuuuuiiiiiiiuuuuuu....

Y llegó lo digital. Puertas de sonido, pastillas activas, cerámicas y blindadas, trastes cero, policarbonatos, micros inalámbricos; y por que no tengo ni idea de sonido, por que los técnicos ¡tienen cada artilugio...!

¿Y qué hace la gente? Sigue comprando maderos clásicos: Rickembaker, Fender, Gibson... guitarras diseñadas hace más de 50 años. Con sus parásitos, su mástiles torcidos y más pesados que un tablón de obra. Pero lo retro es guay. La marca y lo "vintage" se unen para atacar nuestras, ya de por sí, maltratadas cuentas corrientes.
¡Ahora que es fácil sonar limpito, ahora quiero sonar a chicharra!!!
¡Si al menos fueran más baratas!
Pero no. Valen un señor pastón, aún de segunda mano (aún más tronadas).

Qué cruz de fashion.

Por mi parte, me he pasado a la acústica. Incluso le he quitado la pila por si tengo la tentación de enchufarme. Aún corre por casa un juego de efectos Korg. Recuerdo que mi amigo Xavi tenía uno igual. Le estuvo funcionando mal una temporada. El gato, cuando no le veía, se subía al aparato y se meaba por la rejilla del ventilador.

Inteligente animal.


... fiiiiiiiiiiiiuuuuuuuiiiiiiiiiiiiiiuuuuuuiiiiiiiiiuuuuuu...

 

Mi (in)experiencia discográfica

25.12.2011 s3r raRØ ·58· (publicado en laMundial: 16-09-2004)

No estoy seguro de cómo era la frase.
Algo así como "Yo sé lo que hay que hacer para triunfar en el mundo de la música" o "Yo sé lo que tiene que hacer un grupo para triunfar en el mundo de la música".

Fue la sentencia. Lo que me hizo abandonar.

Corría el 92, año olímpico y yo estaba enrollado con El Fantástico Hombre Bala. No recuerdo quién nos puso en contacto con Gustavo Montesano, líder y guitarra de los Olé-Olé, productor, editor, descubridor de grupos noveles, entre ellos Héroes del Silencio y autor paradigmático de la frase del principio. Un auténtico currante del tema. El tipo nos soltó alguna joyita más, del tipo "tocáis bien, pero lo que yo quiero es que cuando vengan los de la discográfica os subáis por las paredes y destrocéis el local de ensayo" o "sobretodo tú (en referencia a mis tiernos 27 añitos) no digas tu edad. Tienes 22".

Ese día me di cuenta de cómo me abandonaba el arte, si es que lo tuve alguna vez. Mi guitarra se convirtió en algo similar a un azadón o una llave inglesa. Miento. Era mucho menos respetable. Las demás herramientas no engañaban a nadie con ínfulas "creativas". Poco tiempo después abandonaba el grupo.

Curiosamente, aquí empezó mi corta experiencia con las discográficas.
El grupo consiguió el contrato con EMI por tres discos y me toco registrar algún tema. Un sencillito 0.8% como arreglista, creo recordar. Tuve que firmar un montón de papeles que, por más que leía, no conseguía comprender. Aparecieron por las carpetas la SGAE, una editorial -Tobichi, si mal no recuerdo el nombre- de la cual Gustavo era asociado, presidente, dueño o yo que sé qué y la propia discográfica, haciéndome renunciar a un montón de cosas en beneficio del grupo (¡ja!).
No quiero pensar en los que me ahorré por no pertenecer ya al grupo: contratos de giras, de managemet, maquetas y grabaciones, adelantos e inversiones...

Para el tercer disco desenterraron uno de mis temas antiguos, Mata a Mamá, el cual llevaba una letra compuesta por el cantante, con un enfoque que no me gustaba, pero que toleré para evitar malos rollos en su día. Los que tengáis experiencia en tema SGAE sabréis que la letra se lleva el 50%. Cuando lo compuse no conocía este dato, así que imaginad la sensación. A eso sumadle que cedí el 20% para otro de los músicos del grupo, al cual colocaron delante de mí como compositor.
En su momento no me importó. De otro modo el tema no se hubiese publicado. Pero ahora duele un poco. No se si me comprendéis.

Conservé buena relación con los Bala. Además, aprovechando mi oficio y a pesar de la deserción, acabé currándome las portadas y algún cartel. Más papeleo en forma de facturas, algunas de las cuales se perdieron camino de la EMI y, por más que planché la oreja en el teléfono llamando a Madrid, no llegué nunca a cobrar.

El grupo me contó algunos "detallitos" que se gastan los de las discográficas. En los contratos de grabación, promoción y distribución no se arriesga ni un duro. Se pillan buenos instrumentos; se mete a los músicos en un estudio; grabación, mezcla y máster a lo estrella de rock; se fabrica y se distribuye el cedé; se hace una presentación a tutiplén; vídeo, ¡como no!; se "compra" un puesto más o menos alto en "Loj Cuarenta Prinsipale"... Y para todo ello se adelanta el dinero a la banda, a cuenta de las futuras ventas, de las cuales tienes un porcentaje ridículo. Vamos, que si no vendes ochenta mil copias le embargan el piso a tu padre. Y mientras te tienes que comer las quejas de los capos por los bajos beneficios. Hay que dar de comer a toda esa maquinaria. Eres una banda desconocida y ellos te están dando una oportunidad.

Resumen: les debes pasta.

¿Cómo pagar el dinero que les debes? Aquí entra el tema bolos.
Uno tiende a creer que por entrar en una gran discográfica te van a conseguir tropocientos conciertos. En realidad lo que se consigue es unos cuantos playbacks para la tele, un par de conciertos benéficos, de esos sin cobrar y que te den tres putos teléfonos de empresas de management, con las cuales se acaba negociando cómo gestionarán el dinero de los conciertos que acabas buscándote tú mismo.
En el mejor de los casos haces de telonero para los Status Quo.
En el peor, el mánager desaparece con un par de quilos...

(... seguiremos informando... o no... se me ha fundido la neurona...)


Nota de Defunkid: Hay momentos para callar y otros para hablar.
s3r raRØ no es muy de lo segundo en ciertos aspectos pero le he empujado a contar su experiencia. No se trata de poner a bajar de un burro a nadie, se trata de explicar simplemente como fueron las cosas y como continua funcionando por desgracia el show business, nos consta. Cada cual saque sus conclusiones.

Yo, con pelo. Corría el 92...

 

Inciso parásito #6: El Hogar del Músico

24.12.2011 s3r raRØ ·64· (publicado en laMundial: 02-12-2004)

Inciso sobre el inciso #5.

No lo busquéis. El #5 no se ha escrito.
Bueno, sí, pero no bajo la denominación "inciso parásito".
He decidido incluir el artículo sobre mi (in)experiencia musical dentro de esta serie.
Tocaba el 5 y hablaba de música ¿no?
Y no hay música sin parásitos...


Inciso parásito #6: El Hogar del Músico


Los Miuras de Sobré

Corría el año 1944. "Los Miuras de Sobré" posando en Las Arenas de Valencia, donde estaban actuando. El tal Sobré a la derecha, ejerciendo de director, un aún desconocido Antonio Machín (el de los Angelitos negros), un par de amigas de la banda y el tío José María. En aquellos tiempos parece ser que era él quién componía y arreglaba los temas que luego firmaba el cantante. Nada nuevo. Cosas de músicos, ya sabéis.
Aprendí a tocar con una vieja y tronada guitarra española que se quedó mi tío de aquella época. Tenía el mástil más torcido que las curvas de las costas del Garraf. El barniz había desaparecido y la madera estaba totalmente menguada. Me encantaba pasar el dedo por las líneas gastadas. Algunas de ellas las hice yo con la uña. Le tengo que preguntar a mi padre si aún existe...


El tío y mi padre con 14 años

Si alguna vez vi tocar a mi tío era demasiado pequeño para recordarlo, pero la prima Paqui asegura que "tocaba el piano, la batería, el contrabajo, la guitarra, la flauta, la ocarina, el clarinete, el violín o el saxofón que era un verdadero portento; que versionaba Rhapsody in Blue de Gershwin con el clarinete que la gente se levantaba a aplaudir, y las Tzardas de Monty con el violín que te corrían culebrillas por la espalda, ambos muy, muy difíciles (*)".
El hombre tenía varias canciones inscritas en la SGAE. Eran los tiempos en que tocaba para el circo. Estuvo en varios, pero en el que más se prodigó fue el Circo Mundial, el cual parece que era un compendio de españoles de Murcia que decían que eran rusos. Ponía las canciones en los impresos que había que rellenar y sus colegas hacían lo mismo. Era del rollo intercambio: ellos ponían las de mi tío y él, a su vez, ponía las suyas. "Después de muchos dimes y diretes llegó a cobrar algo, una mierda, pero algo (*)".
Cuando murió, allá por el 96, la tía Susi lo tiró todo y nunca más se supo. La SGAE siguió enviando montones de propaganda, impresos para votar y demás mariconadas, a pesar de los infructuosos intentos de mi prima para que lo borraran de la base de datos. Cosas de la SGAE, ya sabéis.

Durante los años 40 y 50, estuvo pagando mensualmente al "Hogar del Músico" lo que se suponía que era para una pensión. Por aquellos años era un auténtico sacrificio. Tenían un local social que estaba en las Ramblas, tipo casino. Allí se juntaban con los músicos del Liceo, cotilleaban, se fumaban unos puros y bebían coñac.
Hasta que un día desapareció, de la noche a la mañana. Así, sin más.
De qué se hizo con el montón de pasta que soltaron los socios nada se sabe. En aquella época poco se podía hacer.

Cosas del franquismo, ya sabéis.


¿A que no sabéis quién es el enano?


(*) Citas textuales de mi prima Paqui.
He tenido que poner a currar a la familia. Todos revolviendo cajas de fotos y neuronas...
Cuesta seleccionar el material.