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Indulto

11.12.2011 s3r raR√ė ¬∑53¬∑ (publicado en laMundial: 15-06-2004)

Se sentía como un rey.
Le gustaba ver cómo las rayas del asfalto venían hacia él, recibir el impacto del polvo y los mosquitos en su lerda coraza de cuero y sentir bajo sus piernas las controladas explosiones de su motor. Era algo mágico y relajante. Sabía lo suficiente de mecánica como para ir dibujando y animando en su cabeza los movimientos de los pistones, en un rodar infinito...
... Bueno. Infinito no. De vez en cuando tenía que repostar.

Ten√≠a que quitarse el casco, ese √ļltimo baluarte de su frontera, de su burbuja individual, y dejar entrar al mundo exterior. Era duro, pero se consolaba pensando que era por un buen motivo y que en pocos minutos volver√≠a a su aislamiento. Eso hac√≠a que no se sintiese demasiado inc√≥modo en las gasolineras.

Imaginaba que el rey sal√≠a de su palacio a pasar revista a sus tropas, antes de llevarlas a la muerte. Cuando hab√≠a llenado el dep√≥sito miraba dentro y saludaba a sus soldados, como paracaidistas en la panza de un bombardero el D√≠a-D, como griegos en la panza del caballo de madera, antes de entrar en Troya. 

Y mientras se acababa de ajustar el traje siempre realizaba el mismo ritual. Metía un dedo en el depósito, sacaba una gota prendida colgando del dedo y comprobaba su transparencia. "Ese día" pudo leer parte del texto del surtidor, que decía algo de "octanaje" a través de la improvisada lente, a la vez que cerraba la cremallera de su chaqueta. Al final siempre lanzaba la gota al suelo con un manotazo despectivo, mirando a otro lado con un mohín de desprecio infinito, enroscaba el tapón y se ponía el guante que le faltaba, mientras daba la patada de arranque.

Pero "ese día" no le dio tiempo. La gota no llegó al suelo. El rey no vio al gilipollas parado a su lado que admiraba su moto y encendía un cigarrillo...


... indulto deshonroso...